Prisa, agua, calor, y vergüenza. Volver la cabeza y ver su sonrisa petrificada
por la sorpresa, casi adivino su pensamiento, y me gusta. Dulce vergüenza
rosada. Torpeza acompañada de risas enlatadas, pero risas amigables y cálidas,
entre las que se escucha la mía. Nada ha pasado en el mundo tangible y todo ha
pasado en el mío. Mi mente ha sido atravesada por una bala inexistente. Y entonces
un comentario suyo, de esos que me atrapan y hacen que me pierda en el sinuoso
camino de su voz. Me interno en el silencio de su alma, en el incesante
destello blanco que produce su núcleo, y siento que lo toco y que es demasiado
intenso para poder soportarlo. Y vuelta a la realidad y a su mirada de casi total
indiferencia. Entonces el resplandor de antes me quema el alma, pero vale la
pena.
sábado, 26 de enero de 2013
martes, 22 de enero de 2013
Más pensamientos de enero de 2013
El
reflejo pulido de un alma ya perfecta. En cada uno de sus más ocultos rincones,
inmerso en esa densa oscuridad repleta de seda de araña que todos tenemos
escondida, se encuentra un rojo que gotea el rocío de la vida más bella que
pueda existir. Un pequeño escape de la pasión que impulsa su corazón a cada
partícula de su cuerpo. ¿Qué existe más importante que esa sensación de poder
con todo, que nos impulsa a superarnos y a alzar al viento nuestros
sentimientos? La pasión nos hace estar vivos, pero ¿qué ocurre si mi pasión es
su rojo, su esencia, lo que recorre su cuerpo para hacerle ser quien es,
aquello que le caracteriza? Intento encontrarlo en la música, y de hecho siento
el rojo bullir en mi interior con cada solo de guitarra, incrementado al pensar
que él haya sentido lo mismo al escucharlo. Cada canción es para mí un derrumbamiento
en el muro de piedra que le rodea, que me permite asomarme a su interior como
solo permite la música, de la forma más intensa y verdadera. Es un roto que me
conduce a lo más profundo de su mente, a los sentimientos más puros y que solo
pueden compartir aquellos cuya alma ha sido capturada por la misma melodía.
domingo, 20 de enero de 2013
Más pensamientos de enero de 2013
Su
sonrisa resplandeciente, pura, sin falsedades ni cumplidos, es una inyección de
serotonina para mí. Más sabiendo que se está riendo conmigo, que comparte el
mismo pensamiento que yo, que me tiene presente. Como me pasa a mí con él,
aunque sea distinto, porque yo lo tengo siempre en mi interior. En la vida
diaria ocupa mi mente como una brisa cálida un páramo helado, y la distrae del curso
sin sentido de la vida regalándole dulces ensoñaciones. Y en los sueños de la
noche, esos que son incontrolables, caprichosos, salvajes, esos que dan sentido
a la rutinaria existencia porque son controlados por un inconsciente anhelante
de vida real, en esos él es el protagonista.
jueves, 17 de enero de 2013
Más pensamientos de enero de 2013
Cuando no puedo soportar mis pensamientos y el dolor que
acarrean, estos son sustituidos por una ira que me posee sin que yo pueda
evitarlo y que se contrapone a la marea de mi mente dándome una fuerza que la
mata, que no la deja manifestarse, que anula esa predisposición mía de nadar en
el dolor y regodearme en él, siendo propio. Es una lucha entre el deseo de
sentirlo cerca, aunque sea sufriendo, y la aplastante realidad que me obliga a
despertar y a seguir adelante. Pero, como he dicho otras veces, el dolor es
bonito, fácil, basta con dejarse arrastrar por él y que te lleve a escondidos
parajes de tu corazón, teñidos de hermosa tragedia. Sin embargo, el despertar
de ese recóndito sueño supondría demasiado desengaño, una ola que almacena
todas las duras verdades que se esconden bajo la capa de sueños de mi vida.
lunes, 14 de enero de 2013
Más pensamientos de enero de 2013
Intentando captar cada débil movimiento que provoca su
cuerpo rozando el agua, cada gota que haya formado parte alguna de él, cada pequeña
ola que haya sentido al rozarle tal y como él la haya sentido, respirar el aire
que respira y que forme parte de mí para siempre. Cada palabra suya que he
malgastado sin respuesta o con la reacción equivocada. Como cuando dijo que no
iba a volver, ese momento indiferente para todos que significó la caída de mi
mundo, un mundo sostenido por la ilusión de verle y la esperanza de que me
dedique alguna palabra ociosa, de esas que se dejan escapar sin objetivo ni
contenido, de esas que para mí lo son todo. Porque nadie se ha querido dar
cuenta de que todas las piezas encajan, y que lo quiero de verdad, no el querer
que no sabemos qué significa porque no es realmente amor y que se extiende y
normaliza cada día. Porque sabía que la arena se escaparía y, sin embargo, yo
misma rompí el reloj. Conocía el tiempo, e incluso que se acabaría antes de que
pudiera percatarme, pero fui incapaz de adivinar que sería tan pronto. Febrero.
Eso son unos días en los que todo se va a unir como una fuerza devastadora para
acabar conmigo y con la poca calma que había conseguido reunir mi alma. Y,
nuevamente, maldita pasividad inamovible. Incapaz de provocar un cambio,
sobreviviendo en el dulce sufrimiento. A veces pienso que soy una persona
destinada a eso, al dolor, y es que no puedo imaginar una vida sin él. No es una
necesidad, pero tampoco me puedo liberar porque me es imposible, no puedo
evitar lo que siento por más que lo intente. Es una postura cómoda, el
sufrimiento. Al menos este tipo de sufrimiento, porque me hace ver la vida con
una vista artística de color sepia y enredaderas, fuertes rojos para la sangre
y el dolor, negro para lo que no se ve. Y veo la noche, el agua cálida, y a él,
y siento que lo tengo todo, aunque sin tener nada. Pero si desaparece esa
chispa, el color rojo, entonces siento que mi vida se desvanece.
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