jueves, 18 de octubre de 2012

Pensamientos de abril de 2012


Siento así como un vacío, por eso escribo. Lo hago siempre que estoy peor. No, no me hace sentir mejor, no sé por qué lo hago, porque ni siquiera se me da bien. A veces pienso que nada me preocupa, y me siento egoísta, pero feliz. Otras, que todo me importa. A quién quiero engañar, claro que me importa, que le doy vueltas a las cosas, y me hace sentir mal. Además, parece que nadie a mi alrededor se da cuenta de que esa actitud mía es mentira, probablemente porque hasta yo me la creo. Me pregunto qué pensaran los demás. De mí, de ellos mismos, de la vida, de los demás, del resto del mundo. Supongo que los canis no piensan demasiado sobre cómo son, no sé, moralmente. Si lo hicieran, no serían canis del todo. A los heavies parece gustarles la filosofía, y tener unas ideas muy claras. Y son muy románticos, por lo que sufren. Además están las pijas y las pavas, se las podría meter en un mismo grupo. Les importa mucho todo, son muy sensibles, siguen el prototipo de ser “toda una señorita”, propio de siglos anteriores, pero que permanece adaptado a hoy. Creo que ellas no se dan cuenta. Me intriga saber si realmente son así, o si es que son muy exageradas. Se quieren mucho entre sí… ¿de verdad? Siento que sí, porque la inteligencia no les da para más. Y luego hay otros, sueltos, que no saben muy bien que son. Algunos intentan pertenecer a alguno de los grupos anteriores. Diría que todos. ¿Realmente esto es así? ¿Para sentir que eres alguien, tienes que ser de alguno de ellos? ¿Pero acaso hay otra posibilidad, la posibilidad de no ser nada? ¿O de ser todo?... No sé que hago escribiendo esto, como si alguien lo fuera a leer. Bueno, mejor dicho, como si fuera capaz de hacerlo público. ¿Por qué no? Pues porque no tiene sentido, ninguno. A alguien le gustaría, supongo, y otros pensarían: esta se las da de lista… En fin, por dónde iba… ah, que porqué hago esto, que no lo sé. Para pasar el tiempo, porque no puedo más. No puedo más con nada: con no tener nada que hacer, excepto estudiar, con 16 años, por las pocas experiencias de mi vida, por lo poco que estoy viviendo esto… me hundo, lo sé. Es como un agujero negro en mi corazón, parece casi como si lo viera, no exagero. Qué difícil es afrontar tus pensamientos, siempre los piensas, pero parece que al escribirlos es cuando realmente te das cuenta de que ahí están, de que existen, de que no puedes seguir esquivándolos. Podría poner muchas angustias más, pero no podría soportarlo, me estallaría la cabeza, no puedo escribir esas palabras, no tengo valor para afrontar la verdad. Y no serviría de nada, porque no tiene salida. Bueno, sí tiene, la veo, pero es una imagen proyectada que no se puede agarrar. Porque el simple hecho de imaginarlo tiene elementos de ciencia-ficción. Porque parece imposible, porque no llega nunca, y porque parece que nunca va a llegar. ¿Cómo iba a hacerlo, si siempre voy a pensar igual? No puedo romper con todo, no puedo. Ni por mí, ni por mi gente, ni por mis ideas, ni por mis sentimientos. Es ridículo. Todo esto. ¿Para qué estoy gastando este fino hilo de energía que me queda? ¿Para que se quede ahí, en el ordenador, olvidado, como todos esos demás documentos que he ido haciendo con el tiempo? Aunque bueno, antes era distinto, pensaba que a estas alturas esto ya habría cambiado, pero eso es lo peor, que sigue siendo igual. Y que lo seguirá siendo. No sé cómo cambiarlo, no sé nada en realidad, o a lo mejor sí. Si algo sé, parece saberlo mi yo superficial, ese que se las da de conocer, de intuir, de controlarse. Pero este yo, el que escribe esto, al que pongo un bozal siempre que empieza a gritarme estas cosas que estoy escribiendo, ese no sabe nada. Intento que parezca que este yo mío extraño no existe, que dejé de ser aquella niña rara, porque decían que era más inteligente, que le costaba relacionarse, que se le daba bien escribir, pensar en general. Nadie cambia en su interior, puede que superficialmente, pero en el fondo de cada persona, hay una personita pequeñita rodeada de oscuridad que no para de hablar, de decir cosas. El problema es que esa personita, a veces, puede ser muy molesta. Yo no estoy en paz con ella. Ahora estoy escribiendo las cosas que ella me grita, las que he intentado callar. Callar riéndome de todo, siendo comprensiva, haciendo el tonto, haciendo como si nada me preocupara. ¿Realmente no soy nada de eso? ¿Es solo fachada, una fachada tan alta que no me deja ver lo que realmente hay tras ella? ¿O es que ahora mismo me veo así porque he entrado en una paranoia mental que no me deja ver con claridad? No lo sé, no sé nada. Me agobia esto. Es como una persona mayor con alzheimer, sin recuerdos, que son la base de su persona. Pues yo tengo recuerdos, pero no sé si esos recuerdos son reales, si los viví siendo yo misma, esta yo. ¿O es la otra yo la auténtica? Quién sabe. ¿Tiene algo de sentido todo esto? La mente no se puede ordenar, es un lío sin cuerda, un lío de algo que no existe. ¿O sí existe? No sé si algo de mi mente existe de verdad.

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