Siento así como un vacío, por eso escribo. Lo hago siempre
que estoy peor. No, no me hace sentir mejor, no sé por qué lo hago, porque ni
siquiera se me da bien. A veces pienso que nada me preocupa, y me siento
egoísta, pero feliz. Otras, que todo me importa. A quién quiero engañar, claro
que me importa, que le doy vueltas a las cosas, y me hace sentir mal. Además,
parece que nadie a mi alrededor se da cuenta de que esa actitud mía es mentira,
probablemente porque hasta yo me la creo. Me pregunto qué pensaran los demás.
De mí, de ellos mismos, de la vida, de los demás, del resto del mundo. Supongo
que los canis no piensan demasiado sobre cómo son, no sé, moralmente. Si lo
hicieran, no serían canis del todo. A los heavies parece gustarles la filosofía,
y tener unas ideas muy claras. Y son muy románticos, por lo que sufren. Además
están las pijas y las pavas, se las podría meter en un mismo grupo. Les importa
mucho todo, son muy sensibles, siguen el prototipo de ser “toda una señorita”,
propio de siglos anteriores, pero que permanece adaptado a hoy. Creo que ellas
no se dan cuenta. Me intriga saber si realmente son así, o si es que son muy
exageradas. Se quieren mucho entre sí… ¿de verdad? Siento que sí, porque la
inteligencia no les da para más. Y luego hay otros, sueltos, que no saben muy
bien que son. Algunos intentan pertenecer a alguno de los grupos anteriores.
Diría que todos. ¿Realmente esto es así? ¿Para sentir que eres alguien, tienes
que ser de alguno de ellos? ¿Pero acaso hay otra posibilidad, la posibilidad de
no ser nada? ¿O de ser todo?... No sé que hago escribiendo esto, como si
alguien lo fuera a leer. Bueno, mejor dicho, como si fuera capaz de hacerlo
público. ¿Por qué no? Pues porque no tiene sentido, ninguno. A alguien le
gustaría, supongo, y otros pensarían: esta se las da de lista… En fin, por
dónde iba… ah, que porqué hago esto, que no lo sé. Para pasar el tiempo, porque
no puedo más. No puedo más con nada: con no tener nada que hacer, excepto
estudiar, con 16 años, por las pocas experiencias de mi vida, por lo poco que
estoy viviendo esto… me hundo, lo sé. Es como un agujero negro en mi corazón,
parece casi como si lo viera, no exagero. Qué difícil es afrontar tus
pensamientos, siempre los piensas, pero parece que al escribirlos es cuando realmente
te das cuenta de que ahí están, de que existen, de que no puedes seguir
esquivándolos. Podría poner muchas angustias más, pero no podría soportarlo, me
estallaría la cabeza, no puedo escribir esas palabras, no tengo valor para
afrontar la verdad. Y no serviría de nada, porque no tiene salida. Bueno, sí
tiene, la veo, pero es una imagen proyectada que no se puede agarrar. Porque el
simple hecho de imaginarlo tiene elementos de ciencia-ficción. Porque parece
imposible, porque no llega nunca, y porque parece que nunca va a llegar. ¿Cómo
iba a hacerlo, si siempre voy a pensar igual? No puedo romper con todo, no
puedo. Ni por mí, ni por mi gente, ni por mis ideas, ni por mis sentimientos.
Es ridículo. Todo esto. ¿Para qué estoy gastando este fino hilo de energía que
me queda? ¿Para que se quede ahí, en el ordenador, olvidado, como todos esos
demás documentos que he ido haciendo con el tiempo? Aunque bueno, antes era
distinto, pensaba que a estas alturas esto ya habría cambiado, pero eso es lo
peor, que sigue siendo igual. Y que lo seguirá siendo. No sé cómo cambiarlo, no
sé nada en realidad, o a lo mejor sí. Si algo sé, parece saberlo mi yo
superficial, ese que se las da de conocer, de intuir, de controlarse. Pero este
yo, el que escribe esto, al que pongo un bozal siempre que empieza a gritarme
estas cosas que estoy escribiendo, ese no sabe nada. Intento que parezca que
este yo mío extraño no existe, que dejé de ser aquella niña rara, porque decían
que era más inteligente, que le costaba relacionarse, que se le daba bien
escribir, pensar en general. Nadie cambia en su interior, puede que
superficialmente, pero en el fondo de cada persona, hay una personita pequeñita
rodeada de oscuridad que no para de hablar, de decir cosas. El problema es que
esa personita, a veces, puede ser muy molesta. Yo no estoy en paz con ella.
Ahora estoy escribiendo las cosas que ella me grita, las que he intentado
callar. Callar riéndome de todo, siendo comprensiva, haciendo el tonto,
haciendo como si nada me preocupara. ¿Realmente no soy nada de eso? ¿Es solo
fachada, una fachada tan alta que no me deja ver lo que realmente hay tras
ella? ¿O es que ahora mismo me veo así porque he entrado en una paranoia mental
que no me deja ver con claridad? No lo sé, no sé nada. Me agobia esto. Es como
una persona mayor con alzheimer, sin recuerdos, que son la base de su persona.
Pues yo tengo recuerdos, pero no sé si esos recuerdos son reales, si los viví
siendo yo misma, esta yo. ¿O es la otra yo la auténtica? Quién sabe. ¿Tiene
algo de sentido todo esto? La mente no se puede ordenar, es un lío sin cuerda,
un lío de algo que no existe. ¿O sí existe? No sé si algo de mi mente existe de
verdad.
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