Tengo frío, mucho, pero al menos así siento algo. Ha llegado
un periodo de mini-vacaciones, para mí, mini-depresión. Tras el reflejo de mi
vida, del agobio, del “no tengo tiempo”, que me evita pensar, he quitado el
espejo y me he encontrado, de nuevo, conmigo misma. Me doy cuenta del sin
sentido que tiene esto. ¿Por qué? Porque siempre que escribo pienso que la
próxima vez que lo vea, todo se habrá arreglado, o al menos ya no importará.
Pero no, todo sigue igual y no, no ha dejado de importar. ¿Soy una niñita pava
más? Creo que no, o eso espero al menos. Ya que mi vida es mucho peor que la
suya, al menos, espero sentir algo más que ellas, con sus problemas. Problemas
que se han buscado de alguna forma, han hecho algo y hay una reacción. Pero,
¿qué importa? Creo que no saben lo que es la nada. Nada, un simple perder el
tiempo simulando la normalidad. Sinceramente, si alguna vez puedo llegar a
vivir lo que ellas, no creo que sea tan difícil un adiós o una herida, si ha
habido algo. Yo es lo que más valoro. La ausencia de nada. Probablemente, los
demás piensen lo mismo de mi problema, que es menos importante. Pero, como no
podemos saber qué sienten los demás, y ni yo misma sé si puede haber algo peor
que lo que yo siento, sigo dejando correr la vida.
No puedo con nada, todo denota experiencia. Inclusa la
música, siempre el mismo tema y muchas ramas, y yo no he llegado siquiera a las
raíces. Me hallo oculta en algún rincón oscuro del subsuelo al que parece no
haber acceso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario