Ese punto en el que se pasa del pensamiento a la acción,
cuando se transgrede el límite de la cordura para adentrarse en la locura.
Cuando decides sucumbir a la abstracción, subir al cielo, quizá el infierno, y
abandonar tu realidad, racionalidad. No quieres pensar. Redúceme los límites,
quiero saltarlos ya. Déjame que te mire una vez más, este es un cuento sin
final, parábola que no acabará. Como los sueños que no puedes recordar, te miro
y pienso… recuerdo, ahora lo recuerdo de nuevo. Quizá algún día la compañía sea
tan buena, que no tenga sentido hablar de romanticismo, o quizá simplemente la
compañía algún día, vuelva a serlo.
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