lunes, 29 de diciembre de 2014

Más pensamientos de diciembre de 2014



Involucionando sutilmente con una vela y un reloj.





Disfrazado de inocencia, de dulces navidades, de sonrisas cómplices, de silencios enfurecidos, de mares calmados. Un fogonazo de luz que penetra en tu pupila hasta grabarte a fuego la imagen que contempla, y que te incluye. Que algún día será como el marca páginas que sobresale del capítulo favorito de tu novela, una atajo para conducirte a ese recuerdo de sopetón, sin previo aviso, para que no hayas podido aun entrar en calor cuando ya formes parte del polvo. Un traidor que te invita amablemente a dirigirte a tu particular celda selvática. Si prestas atención, en el momento justo, podrás vislumbrar tu futura prisión como el reflejo que la luz proyecta sobre ti durante ese instante, dándote la llave con la que tú mismo decidirás cerrar la puerta, contigo dentro. Haciendo suya entonces tu custodia.






No la coartes a ella abriendo los ojos, es la única que te permite navegar por los vastos desiertos de los frondosos y secos océanos del mundo, aunque sea del tuyo.

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