Desearía desaparecer. Perderme de la tierra conocida.
Tumbarme al borde del mundo, casi donde empieza el inacabable brillo azurita y
sentir el palpitar de la tierra bullendo bajo mi cuerpo. Formar parte de ella,
que mi pelo se convierta en raíces y me arrastre a formar parte del ciclo. Que
me alcancen las olas, que me inunden de oro blanco y que este me cubra y me
envuelva sin dejar al descubierto ni un solo ápice de mi piel. Que me guíen las
mareas y me aconsejen las gaviotas, que los rayos de sol me muestren el camino
y el viento me susurre cuentos para dormir.
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