Creemos que podemos controlar algo, que nuestros
pensamientos con su insistencia pueden conseguir algo, pero no. Las únicas
capaces de alterar el viejo camino que se creó para nosotros, capaces de rayar
con su persistente dureza el ideal sendero de oro que espera impaciente a que
lo recorramos, son nuestras acciones. Pero el paso de pensamiento a acción no
podría ser más incierto. Un puente colgante sobre el más obscuro abismo, cuyas
débiles tablas no te aseguran para nada que llegues al otro lado, o incluso que
si consigues llegar, ese paisaje te agrade. Y, claro está, la palpitante posibilidad
de caer. Pero siempre nos quedará la otra opción, el mundo nebuloso en el que
habitan nuestras psicodélicas ideas, explosiones de color sobre el lienzo negro,
sonidos que te mecen hasta que despiertas en una realidad encantada, caricias
que asesinan cualquier idea desagradable, aromas sin fin que nunca llegan a resultar
conocidos. Esa preciosa mentira, pero que es nuestra y solo nuestra y se
convierte en nuestra única verdad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario