No sabes lo que se siente, estar
a ciegas en un túnel sin fin. Poco a poco, con suaves movimientos espontáneos, aparece
ante mí la verdad. Y esta no es otra que descubrir que todo es normal, que
puede que siempre lo haya sido o que lo haya ido consiguiendo yo a lo largo de
este año que llevo escribiendo. Pero, apenas vislumbrando los cegadores rayos
de la felicidad, descubro que todo lo que yo buscaba, esa normalidad, para mí
no es suficiente. Que para ser feliz necesito algo distinto, algo que me llene
de verdad. El problema es que no acierto adivinar qué es eso. Supongo que ahora
comienza mi búsqueda, deseo desconocido que aun escapa a mis manos.
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