Siento que la locura me ha alcanzado con sus manos
temblorosas. La noto enrareciendo el aire que me rodea, acariciando mi pelo con
dedos de plata, ocupando mi mirada allá donde mire. No es una desconocida. La
tengo encerrada desde hace tiempo pero nunca se me ha olvidado que seguía ahí,
esperando pacientemente a que terminara de perder la cabeza. Alimentándose de
cada instante en el que perdía un poco más de mi alma. Gritándome en la noche
todas mis verdades. Rasgando las cuerdas hasta que éstas se han roto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario