El corazón se acelera pero solo por inercia, no ha lugar
para los mecanismos. Tú calla y muerde. Quizá creas sentir dolor pero no es más
que el roce del movimiento del giro de la palanca. Juguemos al juego de la palanca,
juntos, por favor. Siempre juntos. No me abandones ahora que he vuelto, ahora
que han vuelto los abrazos de brasero y los besos de mariposa, solo para
recordarme que nada vuelve. Por favor no me abandones porque ahora estoy sola,
como antes, pero consciente de que no siempre fue así. Dejadme, dejadme para
que pueda conocer el límite que me lleve a la apatía. Aun ansío el regocijo que
sigue al silencio, su eléctrica ruptura en infinitos pedacitos de voces y
caricias y gritos y susurros de historias que se rebelan, insensatas.
Y dile por favor a los aplausos que no degollen más secretos, que no pretendan hacer
suya una realidad que escapa a sus propios límites.
No hay comentarios:
Publicar un comentario