sábado, 1 de noviembre de 2014

Más pensamientos de noviembre de 2014



Me alivia pensar que la puerta está ahí, sin cerradura. No hay un misterio aquí, simplemente porque en este caso no hay una respuesta que lo explique. Y sigue ahí, los árboles dejarán danzar a sus hojas, el sol enseñará la lección a las nubes e incluso dejaremos de habitar un poema de Quevedo para sumergirnos en uno de Góngora, y la puerta estará ahí, como si flotara en medio de un vacío en el que arraigó desde sus comienzos. Tan solo la idea de esa utopía de una búsqueda de verdad, de esas que vuelven del revés tu mente, que la patean, esclavizan y maltratan para después disfrutar de una nueva liberación, me obliga a, de vez en cuando, echar un vistazo a la puerta. Pase lo que pase, aunque todo ocurra y termine de ocurrir, siempre estará ahí para avivar la esperanza de que aun hay algo capaz de hacerte sentir y que podría ser cualquier cosa. Un secreto deseoso, deseado, inconfesable, esperando que lo imposible ocurra. Porque quizá no todas las puertas necesiten una llave, no todos los misterios tengan solución, pues misterios son.

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