sábado, 29 de noviembre de 2014

Más pensamientos de noviembre de 2014



El corazón se acelera pero solo por inercia, no ha lugar para los mecanismos. Tú calla y muerde. Quizá creas sentir dolor pero no es más que el roce del movimiento del giro de la palanca. Juguemos al juego de la palanca, juntos, por favor. Siempre juntos. No me abandones ahora que he vuelto, ahora que han vuelto los abrazos de brasero y los besos de mariposa, solo para recordarme que nada vuelve. Por favor no me abandones porque ahora estoy sola, como antes, pero consciente de que no siempre fue así. Dejadme, dejadme para que pueda conocer el límite que me lleve a la apatía. Aun ansío el regocijo que sigue al silencio, su eléctrica ruptura en infinitos pedacitos de voces y caricias y gritos y susurros de historias que se rebelan, insensatas.





Y dile por favor a los aplausos que no degollen más secretos, que no pretendan hacer suya una realidad que escapa a sus propios límites.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Más pensamientos de noviembre de 2014



Las campanas repican y resuenan en todo el templo, oprimiendo los susurros contra las paredes hasta hacerlos completamente inaudibles, para finalmente dar paso a un silencio aun más estridente que constreñía las respiraciones de los asistentes por temer emitir cualquier mínimo ruido que pudiera quebrar la suma delicadeza de esa afonía. Solo la anfitriona, con su extravagante zancada, pasó de largo todo aquello para postrarse frente al órgano, al que sus manos quebradizas salvaron de su agonía para permitirle compartirla con todos los invitados a cada tecla que iba conformando su melodía. Las angustiadas vidrieras sintieron conformarse su liberación, hallándose tan henchidas de belleza que vibraron y vibraron hasta que finalmente estallaron en un aullido sordo, que provocó una lluvia de color que inundó la apresada paz que reinaba en el templo hasta hacerla desaparecer. La luz al fin había penetrado en el interior, y se reflejó en cada uno de los minúsculos cristales que flotaban allá donde se mirase para hacerlos conformar una estructura de luz y color que se tornó como el candelero que presidía la estancia. Y el caos reinó durante un instante, y lo hizo suyo para siempre. Entonces volvió el silencio, pero esta vez un silencio fresco y puro que vino de la mano de ella que, en un atisbo de compasión, concedió al blanco dejarle brillar vistiéndola. En ese momento comenzaron a escucharse débilmente las reprimendas aceleradas de los violines a los sollozos de un piano demasiado sabio. Su disputa fue aumentando en volumen conforme sus notas iban supurando más dolor, hasta convertirse en un único desgarrado grito. Mientras, ella se acercó resplandeciente al altar, suavemente, como si danzara junto a esa melodía maltratada para avanzar. Los rostros de los invitados se ensombrecían a medida que ella les sobrepasaba, a la vez que hincaban su rodilla contra las tablas y miraban hacia abajo abanderando al miedo. Al fin, ella alcanzó el altar y el suelo se estremeció, pero ella decidió esperar.

Y esperó.

Y la música se apagó porque ya no había nadie que rasgara las cuerdas ni aporreara las teclas, por lo que ella decidió dormir y esperar. Sin embargo, a veces las decisiones pueden abusar de nosotros, y confundirnos, y hacernos querer soñar un sueño sin final. Porque nadie llegará y, aunque ella pueda sentir cómo sus oídos vuelven a despertar para rescatarla, no será más que una canción de cuna que su anfitriona, benévola, tocará para ella para que pueda alcanzar descanso en su sueño.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Más pensamientos de noviembre de 2014



Me alivia pensar que la puerta está ahí, sin cerradura. No hay un misterio aquí, simplemente porque en este caso no hay una respuesta que lo explique. Y sigue ahí, los árboles dejarán danzar a sus hojas, el sol enseñará la lección a las nubes e incluso dejaremos de habitar un poema de Quevedo para sumergirnos en uno de Góngora, y la puerta estará ahí, como si flotara en medio de un vacío en el que arraigó desde sus comienzos. Tan solo la idea de esa utopía de una búsqueda de verdad, de esas que vuelven del revés tu mente, que la patean, esclavizan y maltratan para después disfrutar de una nueva liberación, me obliga a, de vez en cuando, echar un vistazo a la puerta. Pase lo que pase, aunque todo ocurra y termine de ocurrir, siempre estará ahí para avivar la esperanza de que aun hay algo capaz de hacerte sentir y que podría ser cualquier cosa. Un secreto deseoso, deseado, inconfesable, esperando que lo imposible ocurra. Porque quizá no todas las puertas necesiten una llave, no todos los misterios tengan solución, pues misterios son.

Pensamientos de noviembre de 2014


Ostentan látigos que les hacen creerse tener un poder del que carecen. Resuenan en la noche arruinando el silencio y venciendo la oscuridad, prendiendo mechas. Le arrebatan su secreto con cada palabra deseosa de dárselas de lista, que ojalá no nos hubieran permitido desarrollar hace ya milenios. Siempre empeñados en romper con todo y, aun así, respiran aliviados los cielos cada día porque saben que es algo que no está a su alcance. Que no hay forma de desvelar aquello que nosotros mismos encubrimos con nuestra existencia y que no se puede medir lo que llegó antes que la regla. Olvidémoslo y dejémonos llevar por la belleza hasta que sea capaz de hacernos sentir de nuevo, porque quizá aun hay misterios sin llave.