Descansa tus manos en el silencio y déjalas que puedan sentir
así las palpitaciones de tu propia vida, esas que el mundo te impide conocer
con todo su ruido y sus ensoñaciones. Sé consciente de tu propia realidad,
pálida, dándote ese abrazo que no sabías de quién necesitabas. Eras tú,
necesitabas tener algo de ti contigo. Déjala que te susurre dulcemente… “Vesania”.
Vesania. Vesania. Qué palabra más bonita, vesania. Su abrazo va poco a poco
constriñéndote y sientes que te asfixias, imposible una inhalación. Vesania. La
pronunciación de cada uno de sus fonemas te provoca un pitido insoportable en
los oídos. Vesania. Duele. Abres la boca para intentar respirar pero no hay más
que verdad invadiendo tu cuerpo, hasta que escuchas el crujido de algo que ha
estallado en tu interior. Gritas. Vesania. Te ha coronado y se ha largado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario