domingo, 26 de octubre de 2014

Más pensamientos de octubre de 2014


Recuerdo que antes mi única salvación era la música, esa que parecía aportar tridimensionalidad a unos pensamientos difusos que se tornaban teatrillo, con fondo los atardeceres que le aportaban su vida y movimiento, diferentes cada día y de ahí su belleza, única. Ahora todo es demasiado distinto y, aunque la distancia es el mejor velo, casi puedo adivinar que en el presente, aun con todos sus maravillosos desvaríos, me siento más yo. Espero. Pero antes contaba con un consuelo que va perdiendo consistencia cada día: Tiempo. Se me escapa, no puedo retenerlo y es el único precio que no estoy dispuesta a obviar.

sábado, 25 de octubre de 2014

Más pensamientos de octubre de 2014



Descansa tus manos en el silencio y déjalas que puedan sentir así las palpitaciones de tu propia vida, esas que el mundo te impide conocer con todo su ruido y sus ensoñaciones. Sé consciente de tu propia realidad, pálida, dándote ese abrazo que no sabías de quién necesitabas. Eras tú, necesitabas tener algo de ti contigo. Déjala que te susurre dulcemente… “Vesania”. Vesania. Vesania. Qué palabra más bonita, vesania. Su abrazo va poco a poco constriñéndote y sientes que te asfixias, imposible una inhalación. Vesania. La pronunciación de cada uno de sus fonemas te provoca un pitido insoportable en los oídos. Vesania. Duele. Abres la boca para intentar respirar pero no hay más que verdad invadiendo tu cuerpo, hasta que escuchas el crujido de algo que ha estallado en tu interior. Gritas. Vesania. Te ha coronado y se ha largado.

Más pensamientos de octubre de 2014



El juez se arremangó las mangas de la toga exasperado y aflojó el nudo de su corbata, acompañándolo de un carraspeo, como si pretendiera insuflarse aire. Sus ojos negros se mantuvieron posados sobre la mirada del acusado más tiempo del que cualquier observador extraño hubiese considerado normal, con el objetivo de extraer la verdad de este con uno de los pocos métodos que le quedaban, mediante la vieja adivinanza del misterio de los entresijos que se escondían tras sus pupilas dilatadas. Y no más que silencio. Finalmente, el fiscal se levantó e hizo mostrar su descontento con correctísimas palabras cuyo contenido implícito en la forma acerca de la excelente educación del fiscal era la meta real de la queja, algo inútilmente encubierto por el contenido de las mismas acerca de la desvergüenza del acusado por sus inacabables silencios. El juez levantó pesadamente su mirada del acusado con disconformidad y, como si hubiera despreciado la charla del fiscal, se dirigió al abogado defensor, que se ajustó nervioso el cuello de la camisa.

-El acusado no dice nada. El acusado ha cometido perjuicio a las personas de su derredor, les ha engañado sin palabras, les ha causado gran dolor intentando enlazarlas y les ha confundido infundiéndoles gritos que venían de la nada. Ha provocado en numerosas ocasiones su llanto administrándoles colirio. Les ha prometido un cielo que se tornaba en la “farsa” que la pluma desesperada iba firmando por doquier. Ha cometido falsedad documental diciéndoles que era sangre lo que no eran más que manchas de tinta. Ha cometido una violación de la pasión, a la que maltrató y engañó hasta hacerla desprenderse de sí misma en una evanescencia. Se le atribuye además un delito de suplantación de identidad por decir ser quien no era y ser quien nadie podía identificar. Por último, se le acusa de homicidio por implantar el silencio como salvación. El acusado no dice nada.

El acusado es declarado culpable.-

El juez asintió levemente a los alguaciles, que entendieron inmediatamente la señal y se dirigieron hacia el recién nombrado culpable. Unieron sus manos caídas con unas esposas, le tomaron de los hombros y las piernas para dejarle sobre una camilla, cerraron sus ojos y se lo llevaron.

domingo, 19 de octubre de 2014

Más pensamientos de octubre de 2014


Póker. La mesa volcada. Cartas repartidas por el suelo, los tréboles y las picas han desaparecido. La cortina ondea dulcemente aunque la ventana está cerrada. Cuero rasgado del sillón de uno de los jugadores. No hay jugadores. Se han cortado las cuerdas del piano, descansa grandilocuente silencioso. La chimenea aún desprende calor. Algo está terminando de quemarse en ella. Una flor de lavanda descansa apresurada en el caos. Se acabó. Pongan el disco en el gramófono. Ya pueden levantar el telón. ¡Que comience el espectáculo!

Pensamientos de octubre de 2014



Y si te dicen que caí, será mentira. Y si te dicen que te hice frente, será mentira. Si te dicen que era yo, mentira. Que te rogué clamando al cielo besando el suelo que salieras de mí. Mentira. Nunca fui yo. Quizá y solo quizá lo supiste en algún momento, una revelación nunca se niega a aquellos que lo olvidarán todo, porque una idea no es más que una frase que será olvidada en algún tomo de uno de tantos estantes que, colocados uno tras otro, rindiéndoseles una distancia milimétrica, pretenden facilitarle el camino a algo que hace ya quedó petrificado. Ni siquiera serás capaz de recordar el tacto de la pluma aferrándose a tu puño, arrastrándolo hacia delante ansiosa por hacerte conocedor de lo que quería decirte, cuando en ese instante fugaz la dejaste tirada en un rincón de ese páramo engañado. En él se mecen palabras que abandonarán cada uno de sus recuerdos para volver a aquel sueño en el que se originaron, en cuanto la más leve brisa de aire fresco les dé la oportunidad. Y arderá, todo lo demás será reducido a cenizas en el mismo instante en el que tú comiences verdaderamente a ser consciente de ti, arderás. La ignorancia es el nombre que lleva grabada la última daga de la muerte. No es más que un trámite. Nada dura para siempre, ni siquiera tú.

viernes, 17 de octubre de 2014

Más pensamientos que han recorrido el 2014



Miedo



Y que aunque lo odie, aunque probablemente por esto yo esté aun más enferma que tú, a veces solo quiero abrazarte. Solo quiero sentir que todo está bien, refugiarme en la acogedora oscuridad que solo podía sentir cuando estaba entre tus brazos, porque aunque suene manido, ahí es cuando todo desaparece y siento que estoy realmente en mi hogar. Porque me da igual que seas lo que seas, incluso que solo quieras destrozarme.




Echaba de menos la sensación de estar de nuevo frente a una hoja en blanco, esa sensación de vacío aun así reconfortante por ser el que precede a algo nuevo que anhela quedar plasmado y que hechiza a mis dedos para que, cegados por la danza tribal de sus entrañas, se deslicen escurridizos entre las teclas para continuar con la historia principal. Ha pasado mucho tiempo. Demasiado quizá, demasiado para poder conservar todo lo que ha ocurrido estos últimos meses. Esa degeneración que ha oxidado nuestros lazos hasta convertir en su única mecha la silenciosa complicidad de la locura. Ha habido demasiadas situaciones que han pasado rozando la vesania como el fuego la pólvora, como ese no revelar un “Te quiero” que tuvo bajo pena el aprisionamiento de un enfermo a una insensata, y colmatado con un desesperado intento de descubrir su incontrolable e infaliblemente biológico revelador de verdades; miradas de arrastrados minutos intentando encontrar un resquicio del polvo de ese universo que muy probablemente habían abrasado las llamas; palabras como las que se erigían como titulillo de toda esta historia asegurando que no había nada de juego en todo esto. Entre muchísimos más. Extraño no juego de incógnitas descubiertas quizás por una ingenua puede que lista enamorada quién sabe si de un cuasi psicópata que, incapaz de sentir, parece no desear otra cosa que sentir recaer, como la esencia de la geoda, ese amor. Queda poco tiempo, días que se escapan y palabras preparadas, como no podía ser de otra forma, para una despedida demasiado premeditada y demasiado desgarradora. Ha habido otras historias, algo aquí contado, pero esta es la historia, la que siempre me ha cautivado como ninguna otra y la que, puede que hipócritamente, siempre habría buscado protagonizar. Ahora, un vuelvo se ha impuesto sobre todos los muros de barro que habían mantenido a salvo la fortaleza de mis ídolos. Una invitación por sorpresa, de las pocas que valen la pena y que, sabes, no puedes rechazar. Un engaño que no pesa sobre la conciencia, si bien los delgados hilos que lo mantienen no aportan mucha confianza. Ventana que, no mostrando más que el telón de ese teatro, de su mundo, ofrece la cegadora posibilidad de serlo todo, de ser nada. Ansiada ventana, instante congelado el que sus manos en mis hombros hicieron tangible el secreto de la complicidad por unos instantes. Otros tantos de estos, manos demasiado expansivas e incluso algunos labios incapaces de reprimir su fiereza. Más tarde, como la sinuosa curva del final del camino que no consigue ocultarlo, atreviéndose a invadirme la nana de los infiernos, la contenida brisa carmesí de esa ansiada utopía de deseo, humos que danzan hasta formar la resplandeciente prohibida amatista sombra de lo que se adivina la inconciencia de Eva. Proposición aceptada, y tiernos momentos que preceden a recuperar esos labios que ya habían quedado sepultados bajo el dolor de creerlos ya inalcanzables. Pasión desmedida, desprovista ya de sutilezas y directa a satisfacer la tensión que se había establecido entre estos ambos. Encontrarse en su cama, contra su pared, en la imposible de finalizar tarea que regresa impasible a su hogar antes de decidirse a volver a donde ya no está la sombra. Caricias, y lo contrario. Pasadas las horas, rechazada la sala que evocaba el granadino palacio árabe y sin entender la primera indirecta de él para subir a terminar lo que no había acabado, terminamos unidos de nuevo de forma casi completa, él no soportaba el peso del placer que mis repentinamente fogosas manos y, después, boca, le estaban provocando en el destacado punto débil, que hace un rato había sido en el mío. Tras su promesa de que no me preocupara, que no la meteria, sus ruegos de más, su resistencia casi acongojante a no finalizar eso que por él habría podido desembocar en accidente. Y otros tantos detalles que se perderán, ya lo han hecho, y que nunca podrían constituir un error. La mentira más bonita. A pesar de todo, le quiero.
Y de repente todo vuelve. Todo, en ese momento en el que sientes de nuevo aquello que creías que había recorrido tu cuerpo de forma única e irrepetible, vuelve. Aquello que tus pulmones anhelaban desde hacía meses para apaciguar la tibieza que se asentaba sobre tus entrañas cada día, paso a paso, un poco más, hasta hacerte olvidarlo. Cada vez se hace más difícil poder recordar tu voz, tus manos, tocándome, tu forma de moverte, de verme, mirarme, son los suspiros de un llanto que la corriente arrastra hasta que el último grito de desesperación es incapaz de mantener consigo. Tu recuerdo, lo que era todo y sigue siendo, es cada vez más difuso. Y sin embargo lo que, en un principio, despertaste en mí, que se me aparecía en forma ingenua y juguetona, con la belleza virgen de los comienzos, ha vuelto a aparecer como una pincelada de color sobre tantas y tantas capas de blanco. Quizá un aviso de que, al fin y al cabo, no es la locura exigencia para que regrese el sol.

Hace tres meses que lo pinté y nada ha cambiado. Decían que iba a ser el verano de mi vida, como si fuera a encontrar el sentido de la vida y dejar atrás todo lo anterior en un momento de iluminación. Pero yo solo veo que cada vez queda menos gente en la que poder contar, que cada día conoces a diez personas nuevas y pierdes a veinte. Que cada vez queda menos sobre lo que escribir, que la inspiración se marchó llevándose de la mano muchas otras cosas y que ahora quedo recluída a liberarme un poco con cosas como estas.. Que es imposible releer lo que se escribió con la propia sangre.Que cada vez son menos las canciones que puedo escuchar sin que me quemen o sin que me aprisionen los pulmones. Que hace tiempo me perdí en mis principios y no encuentro la salida, ni sé siquiera dónde estoy. Que necesito que alguien me lleve lejos y no se olvide de quemar el barco por el camino. Que la gente no escucha, solo grita y se apuñala un poquito más en cada grito. Que tienes tantos miedos que no quieres abrir la boca para que no se escapen y ahuyenten a los demás. Que hay venenos que nunca te abandonan. Que irremediablemente cada día quedan menos melodías por inventar, menos sabores por sorprenderte, menos personas que valgan la pena. Que todos los misterios tienen respuesta, todas las puertas su llave. Que cada vez es más difícil que alguien sepa verte. Que es una mierda vivir atrapada en un suspiro. Que es triste reconocer que una foto es una excusa de las de menos calibre para gritar un poquito.

Ojalá el anochecer fuera realmente un calmante de todo lo que la luz del sol nos hace descubrir. Y sin embargo, solo inicia un periodo de reflexión para interiorizar todo eso y para hacerte consciente de lo que pasa, de lo que está pasando. Quizá por eso odio tanto la noche, me incomoda, es como si algo dentro de mí intentara desesperadamente mantenerme a salvo de esa reveladora paz. Y lo consigue, consigue hacerme creer que soy una intrusa, que solo soy otro rayo más del sol que atraviesa la atmósfera en busca de su suelo. Sin embargo, en el fondo sé que como mucho intento parecerme a las perdidas ráfagas del viento que se desvanecen buscando convertirse en una melodía que las eleve.

Hay veces que te sientes completamente sola, tu respiración raya los cristales de la habitación recordándote aun más que estás atrapada entre la oscuridad que tú mismo has proyectado.





Cuando la única forma posible de recuperarlo es escuchar una canción, y sabes que se terminará agotando hasta que incluso ella quede desligada, y que ya no habrá nada en ti que te permita recrear por un instante todo aquello, en cada una de sus notas el despliegue de cada matiz de cada una de sus maravillosamente espeluznantes cualidades, quedará también vacío, como hicieron los recuerdos manchados de tinta, como hizo su fragancia al abrasarse su alcohol de tanto inspirarla, de tanto intentar conservarla en algún rinconcito de este sótano de historias maltratadas por la oscuridad y el polvo que en algún momento lucharon por alzarse como el ave fénix, mas en vano.