Al final no es más que al tiempo al único a quien se permite
jugar, pero él disfruta con la perfección, la discreción, aunque pudiera ser
incompatible. 10 años justos, como una maldición para poder recordar. Todas las
lágrimas que mis pupilas decidieron cuidar hasta que estuvieran listas para la
luz, han estado empañando mi visión hasta el preciso instante en que la vara
del tiempo ha decidido que ya están preparadas para olvidar la protección de la
ensoñación y sumergirse así en la vida, tal y como fue, y ahora es otra vez.
Ahora, tiene que ocurrir todo de nuevo, como si las desgracias fueran fantasmas
que no hubieran dejado de camuflarse entre nuestras paredes durante años, más
siempre presentes, y creyeran que ya es hora de volver hacia el presente.
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