jueves, 2 de enero de 2014

Pensamientos de enero de 2014



Desde el primer momento supe que sus esfuerzos no serían en vano, pues aun sabiendo su propósito me sacudían cada vez que me regalaba uno de sus halagos. Y tras varios jueguecitos infructíferos debido a la apatía que me resulta el saber que mi conciencia no está en su mejor momento, llegó silencioso y de puntillas el momento en el que sus manos pasaron de sujetar mis piernas a recorrer mi cuerpo al ritmo de los latidos estridentes de mi corazón, que parecían guiar su cuerpo irremisiblemente hacia el mío, quedando atraídos de tal forma que su desesperada inspiración no podía significar otra cosa aparte de mi cálida expiración. Esas horas en las que sus manos incandescentes se negaban a separarse de mí. En las que su boca fue la manzana cegadoramente roja que nunca debí probar. En las que sus besos, simulando su pasión con esa manto dulce que me dejaba sin respiración. En las que cada suspiro suyo justificaba que me uniera aun más a él. Esas horas en las que la silenciosa oscuridad que nos envolvía fue rota en más de una ocasión y en las que los que nos rodeaban sentían un extraño fulgor incandescente que quemaba el aire, sin saber de dónde procedía. Y cuando esto aumentó de tal forma que ya todos tenían por imposible el sueño, negándonos ambos a parar aquello que habíamos desencadenado que nos poseía y que solo podía ser calmado por el otro, se acabó el secreto y no nos importó que los demás fueran conscientes de ello, por lo que manifestamos nuestro amor de las formas más sutiles posibles hasta que el cuento llegó a ese punto en el que se desconoce si es una obra única o contará con segundas partes.

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