lunes, 6 de enero de 2014

Más pensamientos de enero de 2014


La música ha sido privada de su pureza. Las teclas sangran, no pueden soportar esa ira que son obligadas a trasmitir. Esclavas de su propia música, no se les permite conocer otro universo además de ese que las apresa en una locura sin fin y que les obliga a ser las portavoces de ese dolor que no les corresponde y que cuenta con tal nivel de abstracción que no encuentra otro medio para dejar escapar algo de la tensión que lo compone, que el piano.

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