Más pensamientos de enero de 2014
La
música ha sido privada de su pureza. Las teclas sangran, no pueden soportar esa
ira que son obligadas a trasmitir. Esclavas de su propia música, no se les
permite conocer otro universo además de ese que las apresa en una locura sin
fin y que les obliga a ser las portavoces de ese dolor que no les corresponde y
que cuenta con tal nivel de abstracción que no encuentra otro medio para dejar
escapar algo de la tensión que lo compone, que el piano.
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