martes, 7 de enero de 2014
lunes, 6 de enero de 2014
Más pensamientos de enero de 2014
La música ha sido privada de su pureza. Las teclas sangran, no pueden soportar esa ira que son obligadas a trasmitir. Esclavas de su propia música, no se les permite conocer otro universo además de ese que las apresa en una locura sin fin y que les obliga a ser las portavoces de ese dolor que no les corresponde y que cuenta con tal nivel de abstracción que no encuentra otro medio para dejar escapar algo de la tensión que lo compone, que el piano.
Más pensamientos de enero de 2014
Y hay veces que te quedas sola. Y que te da miedo enfrentarte al blanco del papel, por miedo a qué saldrá. Demasiado vacío que has de afrontar de una única manera, dándole forma a ese sinsentido que reina en tu mente y que, así, te devuelve esa verdad que, prefieres simular, no lo es.
jueves, 2 de enero de 2014
Pensamientos de enero de 2014
Desde el primer momento supe que sus esfuerzos no serían en
vano, pues aun sabiendo su propósito me sacudían cada vez que me regalaba uno
de sus halagos. Y tras varios jueguecitos infructíferos debido a la apatía que me
resulta el saber que mi conciencia no está en su mejor momento, llegó
silencioso y de puntillas el momento en el que sus manos pasaron de sujetar mis
piernas a recorrer mi cuerpo al ritmo de los latidos estridentes de mi corazón,
que parecían guiar su cuerpo irremisiblemente hacia el mío, quedando atraídos
de tal forma que su desesperada inspiración no podía significar otra cosa
aparte de mi cálida expiración. Esas horas en las que sus manos incandescentes
se negaban a separarse de mí. En las que su boca fue la manzana cegadoramente
roja que nunca debí probar. En las que sus besos, simulando su pasión con esa manto
dulce que me dejaba sin respiración. En las que cada suspiro suyo justificaba
que me uniera aun más a él. Esas horas en las que la silenciosa oscuridad que
nos envolvía fue rota en más de una ocasión y en las que los que nos rodeaban
sentían un extraño fulgor incandescente que quemaba el aire, sin saber de dónde
procedía. Y cuando esto aumentó de tal forma que ya todos tenían por imposible
el sueño, negándonos ambos a parar aquello que habíamos desencadenado que nos
poseía y que solo podía ser calmado por el otro, se acabó el secreto y no nos
importó que los demás fueran conscientes de ello, por lo que manifestamos
nuestro amor de las formas más sutiles posibles hasta que el cuento llegó a ese
punto en el que se desconoce si es una obra única o contará con segundas
partes.
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