Ojalá pudiera entenderme, ojalá consiguiera un consenso
entre razón y corazón. Se encuentran completamente en polos opuestos, los
gritos hirvientes de uno son redimidos por la sugerente canción de cuna del
otro; las ascuas saltarinas del segundo apagadas por la helada oleada, que me
paraliza ofreciéndome vacío pero que, de
igual forma, es instantáneamente después ocupado por un nuevo atisbo de calor,
pues no existe vacío consciente en nadie y, en mi caso, cuenta con una única
remisión, él.
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