Pequeñas estacas, una detrás de otra. Gota a gota de sangre
perdida, tengo que huir antes de que esta termine por agotarse y quede reducida
a un ser esquizofrénico cuyas lágrimas ácidas han corroído la piel. Esto no
tiene fin. Hoy es uno de esos días en los que se aparta la bruma de algodón y
puedo ver la asquerosa realidad. Mi única opción es irme lejos, lejos donde no
haya un solo ser racional y todo lo que mi vista alcance tenga la pureza que da
el don de no poder pensar, sentir, sufrir. He llegado al punto en que belleza
es igual a inercia. Precisamente lo que no tengo la suerte de poseer. ¿Por qué
alguien cuyo destino y camino es el sufrimiento tiene además que soportar la
tediosa carga de saber esa aplastante verdad? Y no me quiero dar pena a mí
misma porque ya me doy asco. Solo te pido un respiro, una brisa fresca y
vigorizante de esas que hace tiempo no me concedes. No más que sofocante calor,
que me asfixia y me reduce, me confunde y me distorsiona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario