sábado, 16 de febrero de 2013
Más pensamientos de febrero de 2013
Sus
ojos sin fondo, infinitamente desconocidos, que me miran como si traspasaran la
barrera superficial y llegaran a lo más hondo de mí, como si poseyeran esa
cualidad imposible para los humanos. Podría hacer eternamente descripciones de
ese precioso inquilino que llegó hace unos meses y el cansancio no me invadiría.
No hace más que regalarme momentos de felicidad radiante, en los que todas las
desavenencias provocadas por la oscuridad inherente a las personas pasan a un
plano invisible y solo veo los ingenuos juegos de esa bolita atigrada. El
complejo entramado que dibujan las líneas de su cuerpo, que recuerdan al oscuro
instinto que anida en el interior y del que no nos podemos liberar, coloreado
por los tonos propios del inicio del atardecer de la sabana y la
inexplicablemente relajante silueta que forma el contorno de su andar. Sus
sinceras muestras de felicidad cuando acaricio su hocico de terciopelo, cuando le llamo usando el rincón más dulce que poseo, cuando beso su cabecita inocente. Mi gato,
Sora.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario