Ya no siento nada más que asco de mí misma. No puedo, o no
quiero, deshacer el nudo que se ha formado en mi interior. Sólo sé que son
demasiadas tormentas eléctricas cuyos rayos me sacuden diariamente y me
destruyen, me queman, hace que se esfumen las penas pero también los recuerdos
resplandecientes, sumiéndome en el denso vapor del desesperado desconocimiento.
Los apoyos han caído, me han dejado sola en este perdido bosque. Quizá haya
algún modo de escapar de este lugar, pero es otro ejemplo del dulce y fácil
sufrimiento. ¿Por qué no quedarse aquí por siempre y aprender a disfrutar de
las negras sombras que proyectan sus infinitos árboles, el húmedo suelo
aspirante a contener algún tipo de vida primaria, los pocos resquicios de cielo
atormentado que asoman entre las ramas? Además, he intentado huir demasiadas
veces, pero pareciera que este entramado de oscuridad me persiguiera allá por
donde fuera, y que no hay forma de darle de lado porque yo soy el núcleo de
este páramo. ¿Y si no hay más en mí que oscuridad? Hace demasiado tiempo que
perdí de vista esos fuertes principios que gustaba prodigar, ese aura dorada
que me incitaba a sonreír a pesar de todo, ese ímpetu en ser el consuelo de los
demás. Me he puesto demasiados parches y ya no sé qué había en el fondo, en ese
fondo que siempre creí que no cambiaba, que permanecía inmutable a las
variaciones superficiales. Quién sabe, existe la posibilidad de que siempre
haya sido así, de que la máscara estuviera puesta antes y no ahora. Pero no
creo, es difícil soportar el pensamiento de que no hay en mí más que odio. Es
cierto lo que dicen de que las máscaras dicen más que los rostros… He podido
comprobarlo a través de las muchas que poseo, algunas opuestas entre sí. Pero
esa es la gracia de este juego que es mi vida, le da un toque interesante a la
insípida existencia. No soy de esas personas que pueden ser felices con
trivialidades, yo no puedo. Necesito de gustos profundos, manchados de lágrimas,
goteantes de sangre, hechos cenizas por el fuego, apagados por la furia del
viento. La vida debería ser la más increíble de las películas, y yo estoy
segura de que no nos gustaría ver una película que tuviera un argumento
contagiado por los rutinarios problemas a los que estamos acostumbrados.
Deberíamos buscar la creación de un camino único e inexpugnable por el resto de
los seres y sin embargo se nos inculca la idea de que la responsabilidad ha de
pesar lo suficiente como para que no nos deje levantar los pies del suelo.
Probablemente sea cierto que es lo mejor para mi futuro, el problema es que yo
no quiero vivir lo mejor para mi futuro sino aquello en que sienta a mis
sentimientos alzarse libres y sin miedos, lejos de los gritos de mis habituales
silencios. Y este ideal esta grabado a fuego en mi alma como una vida en la que
mire en la dirección que mire vea el mar. El mar es para mí parecido a la noche,
la cual irremediablemente me atrae, me conquista, me llama con sus danzantes
juegos cuyo misterio apagan los rayos de la luna, su particular nota de cordura.
Y es que los secretos de la noche provocan en mí tanta atracción como miedo. No
podría ser de otra forma ya que para mí ambos sentimientos van de la mano. Con
el mar siento algo parecido. Su inmensidad me abruma, sus infinitas tonalidades
de azul me ciegan, sus profundidades me acongojan. Y eso lo hace
inevitablemente irresistible para mí. Por eso sueño con una barca de vela que
me pueda llevar a descubrir todos los misterios que esconde su estimulante olor
salado, los blancos sentimientos que acompaña hasta la orilla, el suave mecer
de las olas que me hace sentir como un inocente niño acunado por el ingente
poder de la marea. Donde la única influencia que haya en mí sea la provocada
por la naturaleza y me pueda convertir en uno más de sus elementos.
domingo, 24 de febrero de 2013
sábado, 16 de febrero de 2013
Más pensamientos de febrero de 2013
Sus
ojos sin fondo, infinitamente desconocidos, que me miran como si traspasaran la
barrera superficial y llegaran a lo más hondo de mí, como si poseyeran esa
cualidad imposible para los humanos. Podría hacer eternamente descripciones de
ese precioso inquilino que llegó hace unos meses y el cansancio no me invadiría.
No hace más que regalarme momentos de felicidad radiante, en los que todas las
desavenencias provocadas por la oscuridad inherente a las personas pasan a un
plano invisible y solo veo los ingenuos juegos de esa bolita atigrada. El
complejo entramado que dibujan las líneas de su cuerpo, que recuerdan al oscuro
instinto que anida en el interior y del que no nos podemos liberar, coloreado
por los tonos propios del inicio del atardecer de la sabana y la
inexplicablemente relajante silueta que forma el contorno de su andar. Sus
sinceras muestras de felicidad cuando acaricio su hocico de terciopelo, cuando le llamo usando el rincón más dulce que poseo, cuando beso su cabecita inocente. Mi gato,
Sora.
jueves, 7 de febrero de 2013
Más pensamientos de febrero de 2013
Pequeñas estacas, una detrás de otra. Gota a gota de sangre
perdida, tengo que huir antes de que esta termine por agotarse y quede reducida
a un ser esquizofrénico cuyas lágrimas ácidas han corroído la piel. Esto no
tiene fin. Hoy es uno de esos días en los que se aparta la bruma de algodón y
puedo ver la asquerosa realidad. Mi única opción es irme lejos, lejos donde no
haya un solo ser racional y todo lo que mi vista alcance tenga la pureza que da
el don de no poder pensar, sentir, sufrir. He llegado al punto en que belleza
es igual a inercia. Precisamente lo que no tengo la suerte de poseer. ¿Por qué
alguien cuyo destino y camino es el sufrimiento tiene además que soportar la
tediosa carga de saber esa aplastante verdad? Y no me quiero dar pena a mí
misma porque ya me doy asco. Solo te pido un respiro, una brisa fresca y
vigorizante de esas que hace tiempo no me concedes. No más que sofocante calor,
que me asfixia y me reduce, me confunde y me distorsiona.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Más pensamientos de febrero de 2013
Vuelven
las lágrimas de ira, de fuego, que se niegan a salir prefiriendo quedarse
estancadas. Me quieren quemar por dentro, y lo están consiguiendo. Puedo soñar,
pero incluso a mí, acostumbrada a mentirme a mí misma, me resulta difícil
creerme algo de esas bellas mentiras. Sé que todas esas palabras vacías llevan
a la nada, aunque ésta se haya retrasado. No es febrero, pero pronto empezará a
venir cada vez menos y algún día será el último y ni siquiera seré consciente
de que lo es. No sé cómo podré vivir con la incertidumbre de no saber cuando se
acabará todo esto. Pienso en cuando creí que podría olvidarle, en cuando pensé
que era la última vez que lo veía y que era el fin del sufrimiento. Y es que a
veces no puedo evitar pensar que todo sería mejor sin él. Por él toda mi vida
es sufrimiento, un constante devenir de agrias ilusiones y de tormentosas
reflexiones y, sin embargo, no puedo vivir sin esto, porque esto es todo y sin
esto, no soy nada. Mi vida quedará reducida a ver con indiferencia cómo pasa un
tren que se escapa. Y es que nada tiene sentido. Débiles pensamientos
delirantes y tintados de falsa realidad, que me hacen preguntarme qué sentido,
si es que hay alguno, tiene mi vida. Pero entonces, en esos momentos de
confusión, veo su mochila roja y blanca aparecer. Entonces todo se concentra en
una espiral cuyo centro es él, y comprendo que es lo único que me importa y que
me hace sentir viva. Y ahí es cuando mi vida cobra sentido. Y más ahora, que no
puedo evitar sentir que el brillo de sus ojos al mirarme ha cambiado
ligeramente, es algo más resplandeciente. Las últimas conversaciones con él me hacen
creer que ahora me mira con algo menos de casi total indiferencia, y esto me
provoca una ansiedad irreprimible y, sin embargo, embargada de felicidad. Aun
sabiendo que las condiciones necesarias para que se vuelva a repetir, escapándose
a cada instante otro grano de arena, no se van a volver a dar.
lunes, 4 de febrero de 2013
Más pensamientos de febrero de 2013
Unas pocas palabras que no son conscientes de que son mi sueño más
profundo. Inocentes palabras. No se hacen la más mínima idea de que son el
significado de mi vida. Lástima que su realización sea, innegable e
inevitablemente, imposible.
viernes, 1 de febrero de 2013
Pensamientos de febrero de 2013
Y se
hará pedacitos todo el esfuerzo, cada palabra que tanto me costó, mantenerle la
mirada y no quedarme en blanco en ella, y no habrá valido para nada. Lágrimas
de ira, no hay palabras para expresarlo, no lo soporto. Quiero gritar hasta
que se me desgarre la voz, esa voz que intentaba sonar controlada hace unos momentos
hablando con él. Para qué me servirá cuando no esté.
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