Cierra los ojos. Siente cómo el peso de los párpados te
devuelve tu añorada oscuridad. Ya está aquí para hacerte olvidar cualquier
dolor que te haya podido ocasionar el mundo. Tímida noche sin fin que invade
poco a poco tus deseos hasta convertirse en lo único que tengas derecho a
reclamar. Pero no te engañes, no viene sola. Pronto empezarán a formarse las
siluetas de unas sombras que te resultan conocidas. Comienza como un débil punto
lejano que se agita nervioso en el denso vacío. Poco a poco va tiñéndose de
rojo, a la vez que cobra velocidad y empieza a recrearse dibujándote tus
mejores pesadillas. Y con ellas las heridas vuelven a abrirse, tintando con su
sangre hasta el más recóndito rincón de ese océano sin horizonte. No existe
refugio para el miedo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario